Santiago
Guiraldes Robinovich
Tercera ficha
bibliográfica
Este
texto aborda el cómo el aprendizaje entre iguales, es decir, las formas de
cooperación que pueden experimentarse entre los mismos alumnos dentro del aula,
beneficia el aprendizaje a nivel individual y grupal.
En primer lugar, se habla de que el aprendizaje entre
iguales es una estrategia de primer orden para la inclusión, en tanto supera la
concepción individualista del aprendizaje para pasar a una cooperativa y comunitaria.
Ahora, para que exista cooperación necesariamente debe existir diversidad (a
nivel académico; cultural; físico; de personalidad y de sexo), puesto que se
aprende de la diferencia que puede aportar otro. Fomentar el aprendizaje
cooperativo reconociendo las diferencias posee las siguientes ventajas: se saca
provecho académico, facilita la inclusión en tanto todos participan reconociéndose
las múltiples capacidades y necesidades, fomenta las habilidades sociales
complejas que implica el trabajo en equipo y, por último, todo ello genera un
modelo de sociedad más justa dentro del aula.
Luego, se indaga en los aportes del aprendizaje entre
iguales mediante la presentación de un caso que investiga las tutorías entre
iguales, en la cuales se crean parejas de aprendizaje asimétricas en tanto
existe un rol de tutor y otro de tutorado. Así, investigaron casos de parejas
formadas por un alumno con discapacidad y otro sin, presentándose los
siguientes resultados: se forman mecanismos de cooperación, se crea un espacio
fértil para la formación de amistades y despliegue de las relaciones humanas, se
abre espacio para una mayor participación de las personas con discapacidad,
genera mejores resultados académicos para ambos roles y, finalmente, tiene un
impacto socioemocional positivo en tanto la actitud hacia el aprendizaje es
favorable al haber un objetivo detrás. Ahora, resalta que dichos resultados
sólo se cumplen bajo las siguientes condiciones: las parejas deben estar
formadas de manera adecuada respecto del rol que cumple cada uno en función de
lo que los alumnos pueden entregar o necesitan recibir, y debe haber una
supervisión permanente para estructurar actividades que beneficien a ambos.
Complementando lo anterior, posteriores estudios afirman
que los alumnos con discapacidad pueden ser tan buenos actuando de tutores como
los alumnos sin discapacidad, lo único necesario es que sean convenientemente
formados mediante instrucción personalizada; que se incremente el tiempo de
trabajo real y que haya una retroalimentación inmediata. Se concluye que la
oportunidad de que estos alumnos actúen como tutores puede ser un instrumento
potente para la participación efectiva en aulas inclusivas.
Después se proponen ciertos valores que permitirían que el
aprendizaje entre iguales pueda ser efectivo y fomentar la inclusión, siendo
ellos los siguientes:
1)
Que los alumnos vulnerables estén en los
espacios de aprendizaje (aula, comedores, patio, etc.) junto a sus compañeros,
para tener oportunidades espontáneas de interacción.
2)
Clima positivo en el cual no se rechace la
discapacidad, logrando ello mediante experiencias conjuntas entre personas
diferentes que permitan romper prejuicios y valorar al otro.
3)
Romper las barreras que impiden la
interacción (discapacidad sensorial, no conocerse, etc.) mediante actividades
mediadas por el docente, como experiencias de reconocimiento mutuo o tutorías
entre iguales.
4)
Fomentar el logro académico, dado que las
malas calificaciones generan estigma y perjudican la autoestima. Para ello,
realizar ayudas personalizadas y ajustes curriculares que permitan niveles de
éxito escolar adecuados.
5)
Facilitar las habilidades de interacción
social, no solamente en espacios espontáneos como conversaciones habituales
entre clases, sino que también mediante actividades estructuradas que induzcan
una reflexión al respecto.
6)
Facilitar que se mantengan estos patrones
de relación en espacios extra escolares mediante la coordinación con otros
agentes.
7)
Fomentar el aula como un espacio
comunitario donde los objetivos de aprendizaje sean comunes.
8)
Que se expresen libremente los conflictos
que acontecen en la sala de clases para que estos sean mediados y sirvan como
potencial para el desarrollo de habilidades sociales.
9)
Que pedir ayuda no sea visto como algo que
da cuenta de un déficit, y que se faciliten espacios para ofrecer y pedir ayuda
en lo que cada uno pueda entregar o necesite recibir respectivamente.
En
relación con lo anterior, el autor advierte que para que las disposiciones
valóricas señaladas pueden desplegarse, se debe también luchar contra valores
que comparte la sociedad actualmente. Por ejemplo, el pensar que ser ayudado se
acompaña de la pérdida de autodeterminación en tanto se despende de otro. O que
los que ayudan sientan que pierden el tiempo al no recibir ninguna recompensa
directa a cambio. De esta manera, para combatir aquellas nociones se deben
promover las siguientes disposiciones:
1)
Ayudar por empatía al reconocer que toda
persona ha experimentado la exclusión en algún momento de su vida, por lo cual
se debe generar un espacio en el cual todos se conecten con ese sentimiento.
2)
Que a las personas con discapacidad se les
apoye para que logren ser un verdadero aporte en sus equipos de trabajo, y que se
entienda la ayuda como algo recíproco.
3)
Dar a entender que la enseñanza es una
buena forma de aprender, para que los que ayudan entiendan que así también
aprenden.
Finalmente,
se recalca que hacer trabajos en equipo no es sinónimo de realizar aprendizaje
entre iguales, puesto que puede haber una distribución marcadamente desigual de
las tareas. Por esto, se debe asegurar una interdependencia positiva en donde
lo que haga el individuo beneficie al equipo, así como una responsabilidad
individual en donde se distribuyan bien las tareas para que todos las realicen
comprometidamente. Por último, dan ejemplos de métodos didácticos que fomentan
estas disposiciones, siendo uno de ellos la ya mencionada tutoría entre
iguales.
Comentario: Creo
fundamental que se fomente el aprendizaje entre iguales. Por un lado, porque
combate con la clásica noción de verticalidad -en la cual el alumno recibe de
manera pasiva lo que el profesor le transmite- al comprometer de manera
profunda a los alumnos en su proceso de aprendizaje, fomentando que ellos
construyan colectivamente el conocimiento, lo cual a su vez convierte el aula
en un espacio más participativo y democrático. Al mismo tiempo, creo que el
aprendizaje entre iguales es una perspectiva adecuada para la inclusión de los
niños vulnerables, puesto que, además de prestarles ayuda en sus diversas
necesidades, genera conciencia en los alumnos sin discapacidad y condiciones que
propician la empatía y el aprendizaje colectivo.
Bibliografía:
Durán,
D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo a la inclusión. En C. Giné
(coord), La educación inclusiva. De la exclusión a la plena participación de
todo el alumnado. Barcelona: Horsori.
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