Ficha bibliográfica: Durán, D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo a la inclusión.

Santiago Guiraldes Robinovich
Tercera ficha bibliográfica
Este texto aborda el cómo el aprendizaje entre iguales, es decir, las formas de cooperación que pueden experimentarse entre los mismos alumnos dentro del aula, beneficia el aprendizaje a nivel individual y grupal.
            En primer lugar, se habla de que el aprendizaje entre iguales es una estrategia de primer orden para la inclusión, en tanto supera la concepción individualista del aprendizaje para pasar a una cooperativa y comunitaria. Ahora, para que exista cooperación necesariamente debe existir diversidad (a nivel académico; cultural; físico; de personalidad y de sexo), puesto que se aprende de la diferencia que puede aportar otro. Fomentar el aprendizaje cooperativo reconociendo las diferencias posee las siguientes ventajas: se saca provecho académico, facilita la inclusión en tanto todos participan reconociéndose las múltiples capacidades y necesidades, fomenta las habilidades sociales complejas que implica el trabajo en equipo y, por último, todo ello genera un modelo de sociedad más justa dentro del aula.
            Luego, se indaga en los aportes del aprendizaje entre iguales mediante la presentación de un caso que investiga las tutorías entre iguales, en la cuales se crean parejas de aprendizaje asimétricas en tanto existe un rol de tutor y otro de tutorado. Así, investigaron casos de parejas formadas por un alumno con discapacidad y otro sin, presentándose los siguientes resultados: se forman mecanismos de cooperación, se crea un espacio fértil para la formación de amistades y despliegue de las relaciones humanas, se abre espacio para una mayor participación de las personas con discapacidad, genera mejores resultados académicos para ambos roles y, finalmente, tiene un impacto socioemocional positivo en tanto la actitud hacia el aprendizaje es favorable al haber un objetivo detrás. Ahora, resalta que dichos resultados sólo se cumplen bajo las siguientes condiciones: las parejas deben estar formadas de manera adecuada respecto del rol que cumple cada uno en función de lo que los alumnos pueden entregar o necesitan recibir, y debe haber una supervisión permanente para estructurar actividades que beneficien a ambos.
            Complementando lo anterior, posteriores estudios afirman que los alumnos con discapacidad pueden ser tan buenos actuando de tutores como los alumnos sin discapacidad, lo único necesario es que sean convenientemente formados mediante instrucción personalizada; que se incremente el tiempo de trabajo real y que haya una retroalimentación inmediata. Se concluye que la oportunidad de que estos alumnos actúen como tutores puede ser un instrumento potente para la participación efectiva en aulas inclusivas.
            Después se proponen ciertos valores que permitirían que el aprendizaje entre iguales pueda ser efectivo y fomentar la inclusión, siendo ellos los siguientes:
1)      Que los alumnos vulnerables estén en los espacios de aprendizaje (aula, comedores, patio, etc.) junto a sus compañeros, para tener oportunidades espontáneas de interacción.
2)      Clima positivo en el cual no se rechace la discapacidad, logrando ello mediante experiencias conjuntas entre personas diferentes que permitan romper prejuicios y valorar al otro.
3)      Romper las barreras que impiden la interacción (discapacidad sensorial, no conocerse, etc.) mediante actividades mediadas por el docente, como experiencias de reconocimiento mutuo o tutorías entre iguales.
4)      Fomentar el logro académico, dado que las malas calificaciones generan estigma y perjudican la autoestima. Para ello, realizar ayudas personalizadas y ajustes curriculares que permitan niveles de éxito escolar adecuados.
5)      Facilitar las habilidades de interacción social, no solamente en espacios espontáneos como conversaciones habituales entre clases, sino que también mediante actividades estructuradas que induzcan una reflexión al respecto.
6)      Facilitar que se mantengan estos patrones de relación en espacios extra escolares mediante la coordinación con otros agentes.
7)      Fomentar el aula como un espacio comunitario donde los objetivos de aprendizaje sean comunes.
8)      Que se expresen libremente los conflictos que acontecen en la sala de clases para que estos sean mediados y sirvan como potencial para el desarrollo de habilidades sociales.
9)      Que pedir ayuda no sea visto como algo que da cuenta de un déficit, y que se faciliten espacios para ofrecer y pedir ayuda en lo que cada uno pueda entregar o necesite recibir respectivamente.

En relación con lo anterior, el autor advierte que para que las disposiciones valóricas señaladas pueden desplegarse, se debe también luchar contra valores que comparte la sociedad actualmente. Por ejemplo, el pensar que ser ayudado se acompaña de la pérdida de autodeterminación en tanto se despende de otro. O que los que ayudan sientan que pierden el tiempo al no recibir ninguna recompensa directa a cambio. De esta manera, para combatir aquellas nociones se deben promover las siguientes disposiciones:
1)      Ayudar por empatía al reconocer que toda persona ha experimentado la exclusión en algún momento de su vida, por lo cual se debe generar un espacio en el cual todos se conecten con ese sentimiento.
2)      Que a las personas con discapacidad se les apoye para que logren ser un verdadero aporte en sus equipos de trabajo, y que se entienda la ayuda como algo recíproco.
3)      Dar a entender que la enseñanza es una buena forma de aprender, para que los que ayudan entiendan que así también aprenden.
Finalmente, se recalca que hacer trabajos en equipo no es sinónimo de realizar aprendizaje entre iguales, puesto que puede haber una distribución marcadamente desigual de las tareas. Por esto, se debe asegurar una interdependencia positiva en donde lo que haga el individuo beneficie al equipo, así como una responsabilidad individual en donde se distribuyan bien las tareas para que todos las realicen comprometidamente. Por último, dan ejemplos de métodos didácticos que fomentan estas disposiciones, siendo uno de ellos la ya mencionada tutoría entre iguales.
Comentario: Creo fundamental que se fomente el aprendizaje entre iguales. Por un lado, porque combate con la clásica noción de verticalidad -en la cual el alumno recibe de manera pasiva lo que el profesor le transmite- al comprometer de manera profunda a los alumnos en su proceso de aprendizaje, fomentando que ellos construyan colectivamente el conocimiento, lo cual a su vez convierte el aula en un espacio más participativo y democrático. Al mismo tiempo, creo que el aprendizaje entre iguales es una perspectiva adecuada para la inclusión de los niños vulnerables, puesto que, además de prestarles ayuda en sus diversas necesidades, genera conciencia en los alumnos sin discapacidad y condiciones que propician la empatía y el aprendizaje colectivo. 

Bibliografía:

Durán, D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo a la inclusión. En C. Giné (coord), La educación inclusiva. De la exclusión a la plena participación de todo el alumnado. Barcelona: Horsori.

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