Ficha bibliográfica: Jensen, E, (2010). Cerebro y aprendizaje: competencias e implicaciones educativas

Carlos Monsalve

Convencionalmente se ha considerado dentro de los sistemas educativos el objetivo de mantener a los alumnos atentos a las indicaciones del profesor mientras explica algún contenido académico. Sin embargo esta tarea se hace dificultosa en la medida en que la comprensión de la atención, en tanto que un proceso cognitivo, no ha sido valorada más allá de la pertinencia de esta durante los procesos de aprendizaje. Contrariamente a lo que normalmente se cree, el propósito de la atención pareciera ser el promover la supervivencia y la ampliación de los estados placenteros.

La evidencia indica que a nivel neuroanatómico los sistemas atencionales se encuentran distribuidos de forma integral en las distintas partes del cerebro, la mayor parte del proceso atencional ocurre a través del procesamiento Top-Down, el sistema de señalización neuronal a través de los neurotransmisores juega un papel fundamental para poder dar una explicación a nivel neurofisiológico respecto de la atención. Por otra parte pareciera existir una correlación entre procesos atencionales y bases genéticas. Estudios de neuroimagen indican que existe una actividad neuronal incrementada en los lóbulos frontales y la corteza cingulada anterior durante tareas que requieren del mantenimiento sostenido de la atención. El lóbulo parietal estaría implicado en el cambio de foco de la atención.

En el ámbito educativo, el foco sobre el proceso atencional se ha centrado en que esta se mantenga respecto de estimulación exterior, como por ejemplo la exigencia de que los alumnos estén prestando atención de forma continua y exclusiva a las indicaciones académicas del profesor. Sin embargo se ha demostrado que la atención posee caracteristicas diversas como que esta pueda estar atendiendo a procesos internos del organismo o en estímulos externos, que pueda estar centrada o difusa, relajada o vigilante. En este sentido, es necesaria la existencia de ciertas condiciones para que dentro del aula la atención de los estudiantes permite desarrollar de forma eficiente los procesos académicos, es decir, es necesario que el contexto sea relevante, que la tarea sea elegida por el estudiante y le cautive.

‘‘En gran parte los alumnos tienen éxito académico cuando poseen la capacidad de ‘‘sintonizar’’ como un aparato de radio en una longitud de onda centrada y exacta’’ (Jensen, 2010, pag. 68). El proceso atencional tiene diferentes niveles de activación durante la vigilia de los sujetos y se corresponde con los conocidos ‘‘ciclos infradianos’’ que tienen una duración de entre 90 y 110 minutos. Durante estos ciclos la capacidad cognitiva de los sujetos cambia y existen momentos en que la capacidad de procesamiento de la información se hace más eficiente, este proceso alternante se ha conocido como ‘‘ciclo básico de descanso y actividad’’ CBDA. En este sentido es necesario considerar que las evaluaciones que se le realizan a un estudiante pueden arrojar resultas ineficientes cuando no se consideran estos elementos.

Por otra parte, la evidencia indica que el requerimiento de la atención sostenida resulta contraproducente para los procesos de aprendizaje. Se han identificado tres razones para esto. Primero, gran parte de lo que se aprende no se puede procesar de modo consciente, es necesario un tiempo posterior para poder procesar de forma efectiva la información. Segundo, para poder crear un nuevo significado es necesario atender a los procesos internos del organismo, los significados se producen internamente. Finalmente, después de una experiencia novedosa es necesario un tiempo de descanso que permita la consolidación de la nueva información.

En relación a lo anterior, es conocido que el déficit atencional es un diagnóstico que se ha ido popularizando en las últimas décadas, principalmente en Estados Unidos, de hecho ‘‘muchos investigadores creen que el TDA está diagnosticado en exceso. Con demasiada frecuencia se receta Ritalin pero igualmente podríamos lamentar los casos de niños que sufren TDA y no logran ayuda. Para ellos, la vida es una película de horror que no pueden evitar’’ (Jensen, 2010, pag. 76). Los niños diagnosticados presentan problemas para centrar la atención y limitar sus comportamientos, es decir que el problema no es prestar atención sino seleccionar del medio la información relevante e inhibir lo irrelevante, prestan atención a muchas cosas a la vez.

Sin embargo y a pesar de la dificultad que supone la detección y el diagnóstico de TDA se sigue diagnosticando este trastorno sin considerar, además, la existencia de múltiples factores asociados que pueden confundir y exacerbar la necesidad de una etiqueta médica. El contexto del aula, por ejemplo, las dificultades en la disciplina, las exigencias inadecuadas, el tipo de alimentación, entre otros, son elementos que pueden asociarse con el desarrollo de conductas que se puedan tipificar como TDA.

‘‘Las mejores soluciones pueden ser asegurarse que el equipo de evaluación y el alumnado hayan agotado las opciones no prescriptivas, incluido el cambio de aula o de profesores. Cuando se emplean medicamentos deberían ser controlados cuidadosamente para asegurar que los resultados respondan a las expectativas’’ (Jensen, 2010, pag. 77). En este sentido, se alude a la introducción de la novedad en el proceso educativo como una forma de estimular la atención, esto puede lograrse a través del cambio contextual que permite la introducción de elementos novedosos que facilitan los procesos de aprendizaje. Es parte fundamental del rol del profesor lograr el equilibrio entre la introducción de los elementos novedosos ya sean elementos didácticos o cambios en su performance.

Personalmente, considero que es una necesidad urgente en la actualidad concebir los comportamiento de los alumnos como parte de su ser en el mundo, tomar en cuenta las múltiples variables asociadas a que un alumno no esté conectado con el proceso educativo en el aquí y en el ahora y retrasar tempranamente la compulsión por incluirles dentro de una categoría médica. Considero también que es importante el trabajo sobre las metodologías, sobre los profesores, el currículo, pero sobre todo respecto del involucramiento de los alumnos en su propio aprendizaje, que en ocasiones esto podría resultar ser una novedad en sí misma.


Referencia


Jensen, E, (2010), Cerebro y aprendizaje: competencias e implicaciones educativas, Madrid, España, NARCEA s.a.

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