Ficha bibliográfica: Muñoz Villa, M. L., López Cruz, M., & Assaél, J. (2015). Concepciones docentes para responder a la diversidad: ¿Barreras o recursos para la inclusión educativa?
Santiago Guiraldes Robinovich
El artículo comienza haciendo una revisión teórica acerca de las distintas concepciones sobre la atención a la diversidad, a la vez que contextualiza la situación en Chile, donde la diversidad se acogería desde la teoría del déficit. Aquí, se pretenden desarrollar estrategias que compensen las “deficiencias” individuales, dando a entender que éstas serían estáticas, lo cual condicionaría el potencial de los estudiantes al establecer límites para su aprendizaje. Este enfoque a su vez propone que el alumno es pasivo en el aprendizaje, y por tanto debe adaptarse al currículum, siendo el profesor quien debe homogeneizar a los estudiantes utilizando referentes estandarizados. Por ejemplo, el Proyecto de Integración Educativa (PIE), a pesar de plantear que los apoyos deben realizarse dentro del aula común (lo cual responde a una lógica más inclusiva), aun así plantea políticas desde una lógica integradora y psico-médica, en tanto que funciona a través de diagnósticos y tratamientos pedagógicos individuales que faciliten la adaptación del estudiante sin plantear una transformación de la cultura escolar.
Por otro lado, se expone
la perspectiva interactiva, que entiende las dificultades individuales como una
consecuencia del entorno, el cual debe proveer los apoyos suficientes para
incluir dichas dificultades. Desde aquí se cree que todos los alumnos pueden
ser educados, y que a su vez todos pueden tener dificultades escolares, pero
que estas deben ser vistas como una oportunidad para transformar sus
capacidades con el apoyo de la escuela en su conjunto. Así, la inclusión sería
una labor colectiva puesto que no debe ser solamente el docente quien preste
los apoyos, si no que la escuela en su totalidad debe apoyar a todos los
estudiantes.
Sin embargo, el camino
hacia la inclusión contempla ciertas barreras, siendo una de ellas las
prácticas explícitas (lo que se realiza en concreto) e implícitas (concepciones
y supuestos a la base) de los docentes. De este modo, se dirá que la
transformación de la cultura escolar -hacia una educación más inclusiva- está
en estrecha relación con las creencias y la forma en que se piensa el
aprendizaje y la enseñanza. Por esto, es importante comprender cuales son las concepciones
dominantes que orientan el quehacer docente para responder a la diversidad,
para lo cual se realizaron entrevistas individuales y grupales a duplas docentes
(compuestas por un profesor de educación general y un profesor de educación
especial) de cuatro establecimientos de la Región Metropolitana que funcionan
con PIE, con el fin de indagar en sus concepciones de inclusión hacia
estudiantes con alto riesgo de exclusión. Así, mediante un Análisis de Contenido se identificaron tres categorías principales:
1)
La perspectiva individual: Se centra en el
déficit de los niños sin considerar su contexto. Se distingue a los niños PIE
(aquellos que pertenecen al Programa) de los niños “normales”, utilizándose
categorías médicas-diagnósticas formales para referirse a los estudiantes. Así
mismo, se refieren a los apoyos específicos como “tratamiento” y califican como
“dado de alta” a aquel que ya no los necesita. Respecto de las formas de
trabajo, los profesores generales declaran no poseer las herramientas
suficientes para realizar un trabajo conjunto con los profesores especiales que
permita enfocarse en las necesidades de todos los estudiantes, en un contexto
donde se imparte un currículum general y donde hay un gran número de alumnos
por aula. Por esto, prefieren que los alumnos con dificultad trabajen en la sala de recursos para nivelarse respecto
del resto, en tanto allí se tienen las herramientas y espacio necesario para
brindar los acompañamientos específicos. Así, una vez nivelados, podrán sumarse
a las actividades del currículum general. En suma, se plantea que el apoyo
afectivo es ajeno a la labor pedagógica (sería un plus), siendo limitadas las
expectativas que tienen sobre los “niños PIE”, responsabilizando a sus familias
por su ausencia en los procesos educativos.
2)
Perspectiva dilemática: los docentes ponen
en cuestión las formas de incluir las diferencias entre los alumnos,
argumentando que el sistema educacional en su conjunto pone límites a la
inclusión y los presiona hacia ciertas prácticas. Por ejemplo, declaran
utilizar un lenguaje médico-diagnóstico, pero a causa de que el PIE obliga a
explicitar el diagnóstico de los estudiantes para que la escuela reciba el
financiamiento de los apoyos necesarios. A sí mismo, tienen intenciones de
atender las diferencias individuales, pero no pueden porque ello implica
dedicar menos tiempo a la preparación general para le SIMCE, presionados por
obtener resultados en pruebas estandarizadas, sumado a que el tiempo para
planificar actividades de apoyo docente es muy escaso. Respecto del apoyo
afectivo, éste se vería entorpecido por la cantidad de gente en las aulas,
mientras que el apoyo familiar se vería dificultado por la falta de políticas
orientadas a brindar conocimientos a las familias para que éstas apoyen a sus
niños.
3)
Perspectiva interactiva: Se caracteriza
por acentuar el potencial y las capacidades de los estudiantes por sobre sus “déficits”,
asumiendo un rol activo y colectivo para reducir las barreras para la
inclusión. Respecto de potenciar las capacidades, se propone que haya una
amplia gama de opciones de aprendizaje, lo cual dé cuenta al niño de que sus
talentos son valorados en la escuela y que sus diversos intereses son acogidos (por
ejemplo, actividades de orden más artístico y deportivo). Respecto de la
colaboración, los docentes valoran las instancias en que complementan su
trabajo, para así promover espacios de aprendizaje dentro del aula que
beneficien a todos los estudiantes, mostrando flexibilidad en la modificación
de las formas tradicionales de aprendizaje, fomentando el apoyo entre pares, y
buscando en internet o consultando a otros profesionales por herramientas que
faciliten aquello. En cuanto al apoyo afectivo, se plantea que debe promoverse
institucionalmente, dado que muchas veces son cuestiones afectivas las que
dificultan el aprendizaje de los niños. En la misma línea, buscan formas en que
las familias puedan servir de apoyo y participar del proceso educativo, por
ejemplo, planteando estos temas en las reuniones de apoderados.
A
modo de conclusión, el artículo explica que las tres perspectivas pueden
hallarse en un mismo discurso, exponiendo que la mayoría de los docentes se
centran más en la perspectiva individual y dilemática, pero también demuestran un
potencial reflexivo al orientarse hacia la perspectiva interactiva. De este
modo, se destaca la importancia de brindar espacios de reflexión a los
docentes, en tanto que los mimos valoraron aquella instancia en las
entrevistas, puesto que no suelen disponer de ello en su trabajo regular.
Comentario:
El artículo pone en relieve dos cuestiones que yo considero fundamentales. En
primer lugar, plantea la importancia que tienen las concepciones de los
docentes acerca de su práctica con relación a la inclusión, en tanto éstas
están a la base del sentido que le dan a su propio que hacer, acentuando la
relevancia que tiene brindar espacios para que los docentes reflexionen acerca
de su práctica, para así indagar en el sentido que le dan a la misma y las
transformaciones que pueden llevar a cabo en virtud de ello. En segundo lugar,
plantea la importancia de cómo lo institucional promueve un lenguaje no inclusivo,
acentuando la importancia que tiene la terminología inclusiva en la promoción
de la misma.
Referencia:
Muñoz Villa, M. L., López Cruz, M., &
Assaél, J. (2015). Concepciones docentes para responder a la diversidad: ¿Barreras
o recursos para la inclusión educativa?. Psicoperspectivas, 14(3),
68-79.
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